lunes, 26 de junio de 2017

'CARTAS DE LA GUERRA'. Amor, colonialismo y escritura



CRÍTICA DE CINE

'Cartas de la guerra' (Ivo Ferreira. Portugal, 2016. 105 minutos)

‘Cartas de la guerra’, como la literatura de Lobo Antunes, va ganando terreno lentamente, sin prisas ni golpes de efecto. Habrá quien se quede en el camino, vencido por la impaciencia del que aguarda que la ruta le esconda puntos de inflexión, giros dinámicos o algo de acción, cuando si uno se  fija la convulsión de lo narrado en pantalla ocurre por dentro a modo de terremoto devastador. El director Ivo Ferreira ha logrado con este largometraje algo muy complicado, descifrar en imágenes el contenido de las cartas que durante dos años el escritor portugués, destinado a la guerra colonial en Angola, enviaba a su mujer, que le aguardaba en Lisboa embarazada de cuatro meses. No solo eso, porque este trabajo consigue hacerse valer en su tratamiento de asuntos históricos, como crónica de una cruenta guerra de descolonización, íntimos, con esa intensidad del primer amor que todo embellece y hasta literario, avanzando en la creación de un escritor de primera fila de la literatura contemporánea. 

Ferreira opta por lo clásico tanto en el tratamiento estético como interpretativo. El blanco y negro de la fotografía confluye con la lectura de las misivas, casi ya un anacronismo la escritura a mano y su uso en tiempos actuales. Es la correspondencia la que retrata al protagonista, médico idealista al principio de la epopeya, hombre desesperado y plenamente consciente de su progresiva pérdida de razón al final de esos dos años que se asemejan a una condena. El director ensambla con fluidez lectura e imagen. El hecho de que la voz de ella sea la que lea algunas de estas cartas, alternando con las palabras del escritor, se constituye un acierto, alejando lo que podría caer en la reiteración. Esa suavidad que se transmite en lo oral encuentra contraposición en la fisicidad de la imagen, una Angola dura, sin apenas sonrisas, con mucho sudor, largas caminatas y horas de soledad. Ni siquiera, como suele ser habitual en filmes de este rango, se abusa de la camaradería entre soldados. Apenas se relacionan entre ellos, ensimismados en la supervivencia del día a día y en tratar de responder a algo sin que se les haya cuestionado, apresados todos ellos por una intensa melancolía que les va dinamitando por dentro. Hay detalles que demuestran que esa poética de la imagen y la voz en off se ha sabido trasladar al guion, como esos soldados que asisten a una proyección cinematográfico cuyo guion van murmurando al mismo tiempo de lo que acontece en pantalla, un asidero para salvarse de esa mortal rutina de duración indeterminada. Estamos, sin duda, ante una película de atmósferas y llena de sutiles guiños. 

Valores cinematográficos al margen, ‘Cartas de  la guerra’ resitúa a Lobo Antunes, uno de los escritores contemporáneos más interesantes y al mismo tiempo pone el ojo en la guerra de descolonización de Angola, trece años de guerra de guerrillas sutilmente definidos en pantalla por Ferreira en la escena del asalto a la aldea, un fuera de plano que no resta violencia al conjunto. Adaptación, por lo tanto, fiel y exigente que refuerza al Lobo Antunes escritor y al mismo tiempo al ser humano enamorado en general y al tipo normal lanzado a un contexto cuyos códigos desconoce, como tantas veces sucedió en esos últimos estertores de la colonización.   

RAFAEL GONZÁLEZ 

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